Esto es otro de mis experimentos para conseguir unas albóndigas sin fritangas porque las tradicionales me resultan muy grasientas. No estoy en contra de consumir grasas - sobre todo aceite de oliva - pero si procuro freír cuando no hay otra opción. El primer intento fue hacer unas
Albóndigas en salsa Española, las de siempre pero sin freírlas, utilicé el horno de convección y funcionó, la salsa si que es el típico sofrito, muy rica pero pesada. Otra buena opción son las
Albóndigas de Pesto que se doran en una cantidad mínima de aceite y van acompañadas de dos salsas, una de tomate y otra de pesto, las dos caseras.
Estas van más allá, las albóndigas no se fríen y la salsa es una mezcla de caldo de carne, salsa de tomate y vino blanco que se reduce y espesa mientras se cocinan las albóndigas. Es importante que el caldo sea casero y lo hayamos desgrasado, un buen caldo concentrado y gelatinoso hará que la salsa resulte sabrosa y consistente, con la salsa de tomate podemos hacer trampa. Gracias a la Slow Coocker, también conocida como Crock Pot, la cocción es muy lenta lo que permite que las albóndigas queden perfectamente cocinadas y enteras mientras la salsa se espesa.
Francamente, cuando vi la receta en un libro para estas cazuelas no me lo creía, pensé que todo terminaría en una salsa Boloñesa pero no fue así. No sólo quedan enteras y perfectamente cocinadas sino que resultan muy sabrosas. Si tenemos el caldo y la salsa de tomate hechos no se tarda nada en prepararlas y sobre todo, no se mancha la cocina. Es cierto que tardan tres horas en cocinarse, puede parecer una eternidad pero en realidad ahorra tiempo para otras cosas ya que no hay que vigilarla. Al ser una olla eléctrica no hay que preocuparse porque la comida se pegue o se desborde, sólo mantiene un suave chup-chup así que podemos dedicarnos a otra cosa durante ese tiempo.